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Pertenezco a la generación que eligió el biberón antes que el seno para alimentar a sus hijos, sin embargo, por mi origen campesino mi madre me convenció de que debía lactar por varias razones: una porque lactar hacía de anticonceptivo natural para espaciar los embarazos-dos años de diferencia entre los cinco hijos que tuvo- y porque la figura se recupera más rápido cuando se lacta.
Cuando mi primer hijo tenía tres meses era grande y fuerte, al llevarlo al pediatra, el doctor Rafael Acra, le mostró a todas las madres que estaban en la consulta, cómo lucía un bebé que solo se alimentaba con el seno. Él se encontró raro mi caso, porque para entonces todas alimentaban a sus hijos con fórmulas. En fin le di el seno a mis tres hijos los primeros tres meses y hasta los seis, una vez en la mañana y en la noche porque tenía que trabajar y no se usaba ordeñarse como ahora.
La forma artificial de alimentar a los bebés tuvo su boom después de la Segunda Guerra Mundial, aunque ya en el 1860 Henry Nestlé había creado la leche en polvo a partir de la leche de vaca deshidratada.
Mucha publicidad y falsas informaciones como que la fórmula era mejor que la leche materna, que el biberón era un instrumento de la liberación femenina entre otras medidas de persuasión a médicos y enfermeras, la industria de la alimentación infantil convenció a medio mundo y privó a varias generaciones del principal alimento de los humanos en los primeros años de vida.
En los años 60 los fabricantes de fórmulas invadieron al tercer mundo, provocando la muerte de muchos niños por mal nutrición, por la contaminación de las aguas para producir la mezcla, la higiene de los biberones y, en el peor de los casos, la falta de dinero una vez terminadas las muestras de regalos con la que penetraron al mercado.
Por esta razón en el año 1981 la Organización Mundial de la Salud aprobó el Código de Comercialización de los sucedáneos de la leche materna, que obliga a los países firmantes a que se prohíba la publicidad de las fórmulas lácteas, los biberones y las tetinas (los bobos), a utilizar imágenes de bebés en los paquetes de fórmulas o denominar el producto como “leche maternizada” o humanizada, obliga a que en las etiquetas se priorice la leche materna como el mejor alimento para los bebés.
Por todo esto, es que creo que en nuestro país se está produciendo una revolución porque muchachas jóvenes, figuras de la televisión han asumido la maternidad con la responsabilidad de proveerle a sus hijos el mejor alimento del mundo y le permite ese vínculo hermoso que nos hace más humanos.
A la administración le toca ahora asumir el cumplimiento de la ley sobre lactancia materna y darle curso al compromiso de que no se siga publicitando las fórmulas y el uso de la figura de los bebes para promover alimentos infantiles.