Más allá de que sea cierto o no, que se presentó la propuesta de penalizar la lactancia materna cuando se practique en lugares públicos, por parte de un miembro de la Cámara de Diputados de México, creo que se presenta la oportunidad de hacer algunas consideraciones en relación a este tema de vital importancia.

La lactancia materna es una consecuencia de naturaleza sustancial de la maternidad, en aquellas mujeres que han tenido la suerte de convertirse en receptáculos maravillosos de la prolongación de la especie humana. Lo anormal o contra natura es la elusión de la obligación sublime de amamantar a la progenie.

En base a esta consideración, podemos notar que existen los casos de madres abnegadas que, movidas por la espontánea o instintiva tendencia de las mujeres que han parido, no descuidan la provisión del primer y básico alimento del neonato. Pero también, existen los casos excepcionales de aquellas que, movidas en cambio, por el exceso de amor propio; pensando solamente en la caída del busto, las estrías, el atractivo personal, evitan la dotación de la leche materna a sus hijos.

Social y moralmente hablando, la primera circunstancia nos impulsa al reconocimiento y el aplauso, mientras que la segunda, nos genera el repudio casi general.

Así mismo, el acto de la lactancia no tiene selección de espacio y tiempo que pueda ser encasillada en una norma o reglamento. Tanto así, como que, a unos nos gusta comer poco y a otros mucho; a unos nos gusta comer vegetales y a otros pastas; unos comemos a la hora meridiana y otros un poco más tarde. Todo viene en conformidad con la diversidad que es propia del ser humano, sin que eso signifique que debemos ser sancionados por tener gustos distintos.

La visión morbosa de ciertos hombres, porque no somos todos, se deriva de la estructura mental trastornada de unos cuantos que no pueden ver la perfección de la naturaleza en el acto milagroso de la lactancia.

Entonces, hacia dónde debería dirigirse la sanción, el repudio y la condena?… La respuesta fluye con la misma naturaleza que fluye el precioso suero vital, de los senos crecidos de una mujer parida.

Share on FacebookShare on Facebook