Está demostrado que lactancia materna exclusiva es suficiente para satisfacer las necesidades nutricionales del bebé hasta los seis meses y, a partir de esa edad, empezar a incorporar otro tipo de alimentos.

“No tiene que ser cada tres horas como un reloj; a partir del primer mes, el niño suele dejar de mamar tan frecuentemente, permitiendo espaciar las tomas si la lactancia se hace correctamente”, explica el pediatra Enrique La Orden.

Pero eso no siempre es así. Hay madres que consideran que cada vez que el niño llora es por hambre e incumplen los tiempos entre toma y toma.

“Hay que dar lactancia a demanda, pero con sentido común. Si el niño se queda saciado, es imposible que al poco tiempo llore por hambre. Por eso no es aconsejable ponerlo al pecho cada vez que llore”, insiste el pediatra Jorge Martínez.

“Cuando están al pecho -añade– no sabemos si hace una succión eficaz o si está utilizando el pezón de su madre como un chupete para calmar ese instinto de succión que tenemos al nacer”.

Desde el punto de vista de este pediatra, una lactancia bajo demanda incorrecta no tiene por qué generar el llamado cólico del lactante: “Es más probable que llore porque tiene hambre, porque tiene sueño, porque duerme cuando tiene que comer y come cuando tiene que dormir”.

“Si la lactancia es a destiempo, más que repercutir en el proceso digestivo, lo hará en la adquisición de los ritmos del día y de la noche, y el niño necesita esas rutinas: comer y dormir, y no picotear entre horas”, considera.

“Si se realiza una toma completa de 10-15 minutos por cada pecho, la madre tiene leche suficiente y el bebé no se queda a medias por haberse quedado dormido. Va a quedar saciado y con aporte suficiente para las próximas dos o tres horas”, afirma Jorge Martínez.

El diagnóstico de cólico del lactante sería más sencillo si ese bebé cumple con una lactancia saciante cada dos o tres horas, incluso si toma biberón, un claro indicador de la cantidad que ha comido. Así se descartaría que no llora por hambre. Un simple ejemplo de cómo detectar que come más o menos, ya que la lactancia materna sigue siendo la forma de alimentación más recomendada.

Según el doctor Enrique La Orden, la lactancia materna también tiene buenos indicadores de ingesta, como mojar 6-8 pañales al día de forma consistente, heces claras, ganancia de peso, etc.


 Una ansiedad contagiosa

“Un lactante no trae manual de instrucciones”, manifiesta el doctor Enrique La Orden. Por eso hay que averiguar por qué llora y eso no siempre es fácil, creando ansiedad en los padres y en el propio niño.

“Se le puede transmitir ansiedad y nerviosismo al niño, por ejemplo, si se lo mueve de un lado para otro, si no se le transmite calma y, sobre todo, si se produce un aumento de las consultas médicas porque creen que llora más de lo habitual”, apunta el pediatra del Hospital madrileño de Torrelodones.

Y otra de las razones que provoca ansiedad es la cantidad de opiniones que aparecen alrededor de la crianza del pequeño.

“La lactancia es un método natural de alimentación y los médicos debemos asesorar sobre sus beneficios, pero, a veces, los padres se dejan llevar por las opiniones de los que les rodean, por la sociedad, por lo que leemos, y hay que tener en cuenta que no todos los casos, no todas las circunstancias son iguales”, concluye el pediatra Jorge Martínez, del Hospital Niño Jesús.