15 de agosto, 2016

Yury Alfaro

opinion@laprensalibre.cr

La maternidad ha sido un tema de discusión durante mucho tiempo, usualmente las posturas han estado divididas, algunas personas reivindican la postura de que es una función biológica, instintiva, que cualquier mujer tarde o temprano será madre, otras personas han planteado que la función materna responde a una construcción cultural donde se esperan una serie de condiciones y se asignan tareas lo que varía según las condiciones sociales en las que se desarrolle.

Esta discusión se expresa en discursos y posturas políticas, por un lado vemos a las que defienden que nuestra definición de mujer está sustentada en nuestras posibilidades para alojar un feto y por ende todo aquello que sea particular a eso debe ser defendido, por el otro lado, las mujeres denuncian que por esas asignaciones culturales sobre la maternidad han decidido no tener descendencia, profundizan la idea de que es una decisión y no un instinto, algunas han optado por un ejercicio de la maternidad poco tradicional. Lo cierto es que el tema y la vivencia en estos dos casos han estado en oposición.

Recientemente, muchas mujeres de ambos bandos, se han empoderado en reclamar los derechos en torno a amamantar y se han desatado interesantes posiciones. Lo cierto, es que es bastante progresivo que las mujeres nos atrevamos a hacer valer nuestro derecho a elegir sobre la maternidad, a elegir un embarazo o no, a seleccionar el mecanismo para alimentar a él o la recién nacida. Todos estos fenómenos representan creencias, mitos y estereotipos y es importante poner atención en cómo se desarrollan los mismos.

Ha existido una tendencia social y política que exalta la alimentación de menores mediante la práctica de la lactancia y el uso del cuerpo de la madre,  ejemplo de que el cuerpo de la mujer ha sido un escenario de dominio de las políticas públicas, ante esas tendencias tenemos que estar alerta.

Lea: Defender a una persona y defender la propiedad privada

Podríamos preguntarnos si nuestro derecho a decidir amamantar es un derecho que se ejerce libremente o se encuentra sujeto a presiones estatales, familiares. Así las cosas, ¿es más un derecho a elegir o se busca imponer como un deber, que podría terminar señalando a la buena o la mala madre, contamos con condiciones para elegir y si elegimos una cosa o la otra hay represalias o comentarios sobre la decisión?  Tan es así, que la discusión por el uso de casetillas para amamantar reflejan que los pechos de las mujeres y sus cuerpos, se han convertido en asunto de dominio público, valdría la pena preguntar si hubo un proceso de consulta o de construcción colectiva de esa propuesta.  

En el caso de quienes por diversos motivos eligen o se ven obligadas a utilizar fórmulas para alimentar a las personas menores de edad también hay comentarios, usualmente se siente pena por la situación, se lamenta que las mujeres elijan el uso de un producto fabricado por una empresa transnacional, se teme por la seguridad alimentaria y se consideran repercusiones emocionales a futuro.

Aquí, nos podríamos preguntar si en muchos otros casos hemos terminado usando un producto o servicio transnacional, si en muchos otros casos hemos recurrido al consumo obligatorio que nos impone el mercado por productos que no aseguran la alimentación a futuro, de ser así pareciera que hay una mayor tolerancia a todas esas actividades cuando no se trata de la mujer y la lactancia. Nuevamente ahí, el seno y el cuerpo de la mujer son sujetos de observación y afirmaciones poderosas.

Por ende, es preciso ser consciente de que las mujeres seguimos siendo sujetas a los designios públicos  y privados que se realizan sobre nuestros cuerpos, entre nosotras se requiere de sororidad para comprender el proceso de cada una y las condiciones que median. No todas las situaciones de vida son las mismas, seguramente la pobreza llevó a mi madre a amamantarme por dos años, es posible que condiciones distintas condujeron a que amamantara a mi hermana por tres meses, sin embargo, ninguna de las dos situaciones se observa a una buena o mala madre, usualmente termino imaginándome las difíciles condiciones de vida de su existencia y termino pensando que ojalá en ambos casos haya sido una decisión propia, sin embargo, lo dudo.

Es preciso que las mujeres unamos esfuerzos para demandar que se respete lo que nosotras elijamos y punto, pero si entre nosotras mismas reproducimos el apego a ciertos roles y no a otros sin comprender las condiciones de pobreza, posibilidades económicas, laborales, de estudios, de independencia que cada una tiene, seguiremos reproduciendo las posturas de control que tanto hemos criticado.



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Comentarios

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Gartavia (15/08/2016)

Que estúpida! Y perdón, es una palabra castiza que encaja perfectamente. Si ya “decidiste se madre” lo mejor para recuperar la figura y volver al metabolismo y estado mental anterior , es precisamente amamantar a tu hijo. O qué, mañana decidiste no ejercer tu rol cultural impuesto y ya no vas a hacerte cargo de la crianza del producto de tu “decisión de parir”. Es increíble cómo dan espacio a personas tan desviadas y precisamente un día como hoy. Ignorancia en su máxima expresión, favor sean más modernos e instrúyanse más!