Según un reciente informe dado a conocer por la OMS y UNICEF ningún país en el mundo apoya a las mamás que amamantan en la forma que deberían, si bien existen reglamentaciones en varios países que permiten a las madres un tiempo dentro de su jornada laboral para ejercer este derecho.

Estas organizaciones internacionales recomiendan a las madres que amamanten a los bebés dentro de la primera hora de nacidos, siendo considerada la leche materna como la única fuente de alimentación que deben recibir los bebés durante los primeros seis meses y que continúen amamantando, mientras incorporan alimentos complementarios, hasta que el niño tenga 2 años de edad, dada la gran cantidad de beneficios para la salud, especialmente lo que respecta a la mejoría de la inmunidad del bebé.

Entre los datos que se manejan sobre la lactancia materna, Estados Unidos tuvo la tasa más baja y Nueva Zelanda mostró la tasa más elevada.

Dentro de los motivos argumentados para disminuir el período de lactancia, se encuentra el deseo de las madres de retornar a sus trabajos sin tener que interrumpir su jornada laboral.

Datos de México

Según los datos que se manejan en México, la lactancia comienza por debajo de las recomendaciones de la OMS y disminuye aceleradamente según aumenta la edad del niño. Apenas un poco más de un tercio de los niños son amamantados en la primera hora de vida y esta práctica antes del primer mes de vida  es tan solo del 81% y desciende rápidamente al 55% a los seis meses.

Por otro lado, la lactancia materna exclusiva en niños menores de seis meses evidenció un marcado descenso entre los años 2006 y 2012, al pasar del 22,3% al 14,4%, respectivamente.

La American Academy of Pediatrics recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé, motivada por una variada cantidad de razones de salud, incluido su capacidad de reducir el riesgo de síndrome de muerte súbita infantil (SID, por su sigla en inglés).

Beneficios de la lactancia materna: un nuevo estudio

Las madres que amamantan por tan solo un período de dos meses reducen el riesgo de su bebé de padecer SID a casi la mitad, según datos aportados por un nuevo estudio, que fue publicado en la revista Pediatrics.

Esta investigación consistió en la realización del análisis de ocho estudios internacionales con datos de lactancia, los cuales examinaron más de 2,200 casos de SID y sobre 6,800 casos de bebés que sobrevivieron. El estudio de control de casos combinó datos entre lactantes vivos y fallecidos para evidenciar diferencias significativas.

El equipo de investigadores encontró relación entre el SID y el tiempo que dura la lactancia materna: cuando se efectúa durante dos a cuatro meses reduce el riesgo en un 40%; cuando es durante cuatro a seis meses disminuye el riesgo en un 60%; y más de seis meses la reducción es de un 64%. La lactancia menor a dos meses no ofreció protección, según los hallazgos de este estudio.

Importancia del estudio

Si bien estudios anteriores han logrado mostrar una relación entre la lactancia materna con un riesgo reducido de SID, que cobró la vida de aproximadamente 3,700 bebés en 2015, según el CDC, este es el primer estudio que logra determinar el tiempo que una madre debe amamantar a su hijo para lograr una protección más efectiva para prevenir el SID.

Estos hallazgos también sugieren que cualquier período de lactancia materna, exclusiva o no, que se realice durante al menos los dos primeros meses puede reducir el riesgo de SID. Estas son noticias muy positivas para aquellas madres que complementan la lactancia con alguna fórmula láctea.

Según el investigador Fern Hauck de la Facultad de Medicina de la University of Virginia:”No vimos ninguna diferencia en la protección en asociación con la lactancia parcial frente a la lactancia materna exclusiva“, “Si una madre solo está amamantando parcialmente, lo que significa que solo usa alguna fórmula, todavía le brindará a ese bebé la misma cantidad de protección“.

Aunque nadie sabe exactamente por qué la lactancia materna protege a los bebés del SID, algunas teorías sugieren que se debería a la capacidad de la leche para proteger contra el ataque de los virus, por lo que ésta es  un área de investigación que debería atraer más atención, según manifestó Hauck.