Cuando Rosario Cortés dio a luz a su primer hijo, se sintió la mujer más feliz y realizada del mundo. El bebé había nacido sin problemas y sus senos respondieron con suficiente calostro para amamantar a su primogénito en sus primeros días de vida.

Sin embargo la dicha se le vino al suelo cuando a menos de una semana de estarlo lactando empezó a sentir un fuerte dolor en sus pezones, que se hincharon, enrojecieron y agrietaron ante la succión del bebé.

“Era como una tortura”, recuerda esta madre colombiana de dos hijos, radicada en Mission Viejo, California.  “A veces el dolor era tan fuerte, que me ponía a llorar al mismo tiempo que [el bebé] lo hacía al no salir leche porque me tensionaba toda ante el dolor”.

Por suerte, a sabiendas de que la leche materna era lo mejor para su hijo, Cortés buscó la asesoría de un programa de consejería de lactancia y puso en práctica varios consejos que le ayudaron con su objetivo de alimentar a su bebé con leche materna hasta concluir la licencia de maternidad de seis meses que había solicitado y se la habían aprobado.

Un problema común que se puede evitar

Y es que como recuerda la Oficina de Salud de la Mujer (OWH) del Departamento de Salud de Estados Unidos, durante esta semana destinada a la concientización de la lactancia, es común que muchas madres sientan dolor en los pezones al amamantar. Pero, lamentablemente, ante el dolor, algunas de ellas desisten de seguir la acción tan beneficiosa tanto para el bebé como para la progenitora.

Es así que, para que no seas una de ellas (en el caso que estés embarazada o hayas dado hace poco a luz), la OWH te ofrece estos tips que previenen este problema y facilitan la lactancia.

  • Encuentra posiciones cómodas y un buen acoplamiento. Una vez que se logra esto, la lactancia debería ser confortable.
  • Asegúrate de tratar la herida (si la hay) para que no empeore.
  • No pospongas la alimentación e intentes relajarte para que la eyección de la leche se produzca fácilmente.
  • Extrae a mano un poco de leche antes de comenzar a amamantar a tu bebé, de modo que él no tenga que sujetarse con más fuerza mientras espera a que salga la leche.
  • Si tus pezones están muy doloridos, cambia la posición cada vez que amamantes. Esto desplaza la presión a una parte diferente del pezón.
  • Después de amamantar, también puedes extraer manualmente unas gotas de leche y frotarlas suavemente sobre tus pezones. La leche materna tiene propiedades curativas y emolientes naturales para aliviarlos. También puedes dejar que los pezones se sequen al aire después de amamantar o ponerte una camiseta de algodón suave.
  • Evita usar sostenes o prendas demasiado apretadas y que ejerzan presión sobre los pezones.
  • Cambia con frecuencia las almohadillas de lactancia para evitar la retención de humedad.
  • Evita usar jabones o pomadas que contengan astringentes u otras sustancias químicas en los pezones.
  • Asegúrate de retirar cualquier pomada que hayas colocado en tus pezones antes de amamantar.
  • Lávate con agua fresca y limpia tus senos a diario durante la lactancia.  Esto es todo lo que necesitas para mantener tus senos y pezones limpios.
  • Flótate un poco de lanolina ultrapurificada de grado médico sobre tus pezones después de amamantar para evitar el dolor.
  • Asegúrate de descansar lo suficiente, ingerir alimentos saludables y beber suficiente líquido (particularmente agua), para ayudar con el proceso de la curación.
  • Si tienes mucho dolor haz una consulta lo más pronto posible con tu médico para que verifique que no se trata de una micosis en los pezones (infección de hongos que puede aparecer a causa de la leche) u otra afección causada por una congestión mamaria o taponamiento de conductos.

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