Dar vida a un nuevo ser es una de las experiencias más especiales para una mujer, con todas las alegrías y retos que esto conlleva, pues no es cierto que todo es color de rosa, sobre todo cuando somos madres primerizas.

Desde la modificación de nuestra rutina, tanto para el día como para la noche, sobre todo para dormir, hasta un sinnúmero de hábitos nuevos que parecen mínimos pero que al final alteran nuestra vida.

Uno de los principales cambios que la mujer debe experimentar es el de la lactancia, y quienes  la han vivido saben que efectivamente es un acto de amor, aunque también conlleva las molestias típicas de la bajada de la leche, que puede venir con subidas de temperatura incluidas, no obstante, no podemos perder de vista que la leche materna es el alimento ideal para todo bebé durante los primeros seis meses de vida.

Asimismo, sabemos que para que la nutrición del bebé sea ideal, la mamá deberá cuidar lo que come, teniendo en cuenta que solo debe ingerir aquello que aporte los nutrientes esenciales para mantenerse saludable; buena parte de estos nutrientes los podemos encontrarlos en los productos lácteos y derivados.

Importancia

Según una nota emitida por el instituto LALA, los productos lácteos tienen componentes importantes para la alimentación de la madre después del parto, porque, además de contribuir a una dieta balanceada, proporcionan proteínas y calcio y están adicionados con vitamina D, que ayuda a tener una mejor absorción del calcio, un nutriente esencial para el mantenimiento de la masa ósea de la madre y el desarrollo del recién nacido. 

Por otro lado, es clave retomar el estudio “Importancia del consumo de lácteos durante el embarazo y la lactancia”, desarrollado por Carmen Marino Donangelo, de la Escuela de Nutrición de Uruguay, y que forma parte del libro “Lácteos: Alimentos esenciales para el ser humano” Sí a la Leche”, de la Federación Panamericana de Lechería, el cual indica que durante la lactancia exclusiva, el recién nacido recibe entre 200 y 300 miligramos de calcio por día con la leche materna, y agrega que el consumo diario de tres porciones de leche o productos como quesos y yogures aporta alrededor del 80% de las necesidades de calcio en las madres adultas y 60% en las madres adolescentes. 

Este mismo estudio señala que los productos lácteos que consume la madre durante el embarazo y amamantamiento “deben ser siempre obtenidos a partir de la leche pasteurizada para evitar riesgos de contaminación”.

Además, no se puede perder de vista que el consumo de leche y derivados en la lactancia también aporta nutrientes como proteínas, zinc, vitamina B12 y vitamina B2. El estudio antes referido explica que el consumo de tan solo una porción de leche al día durante el embarazo y el amamantamiento contribuye a cubrir cerca del 30% de las recomendaciones de ingesta de la vitamina B2 y 35% de la vitamina B12. 

La hidratación también es vital para mantener una producción suficiente de leche, y la leche, sea light, semidescremada, descremada y deslactosada permite a la madre reponer parte del agua y los electrolitos para estar bien hidratadas. 

Además, el consumo de la leche y otros lácteos podría ayudar a la madre a reducir las posibilidades de padecer de diabetes e hipertensión. También le ayuda a controlar mejor su peso corporal. Un bajo consumo de leche también se ha asociado con un mayor riesgo de bajo peso al nacer, según los descubrimientos de Carmen Marino Donangelo.