Por Sonia Nochebuena

Pachuca, Hidalgo.- Lizbeth Martínez, nutrióloga, es una férrea luchadora del consumo de la lactancia materna.

“Es un alimento, podría decirse, milagroso para la salud del bebé y base de su futuro desarrollo. Incrementa la supervivencia de los infantes hasta seis veces más que en aquellos que no la reciben”.

Comenta, basada en datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomienda la lactancia exclusivamente materna durante los primeros seis meses de vida. Después debe complementarse con otros alimentos hasta los dos años.

“Debe comenzar en la primera hora de vida, a demanda, es decir, con la frecuencia que quiera el niño, tanto de día como de noche, hay que evitar biberones y chupones”.

La leche materna es ideal para los recién nacidos y lactantes, pues les aporta todos los nutrientes que necesitan para un desarrollo sano.

Es inocua y contiene anticuerpos que ayudan a proteger al lactante de enfermedades frecuentes como la diarrea y neumonía, que son las dos causas principales de mortalidad infantil en todo el mundo.

La leche materna es fácil de conseguir y accesible, lo cual ayuda a garantizar que el lactante tenga suficiente alimento.

Y, agrega, es un beneficio para la madre. La lactancia exclusivamente materna constituye un método natural, aunque no totalmente seguro, de control de la natalidad, una protección del 98 por ciento durante los primeros seis meses siguientes al parto.

Reduce el riesgo de cáncer de mama y ovario, ayuda a las mujeres a recuperar más rápidamente su peso anterior al embarazo y reduce obesidad.

Especifica que la lactancia materna contribuye a mantener una buena salud durante toda la vida.

Los adultos que de pequeños tuvieron lactancia materna suelen tener una tensión arterial más baja, menos colesterol y menores tasas de sobrepeso, obesidad y diabetes de tipo 2. También hay datos que indican que las personas que tuvieron lactancia materna obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia.

SALUD

“¿Por qué no la leche artificial? No contiene los anticuerpos presentes en la leche materna, y cuando no se prepara adecuadamente conlleva riesgos relacionados con el uso de agua insalubre y material no estéril o con la posible presencia de bacterias en la leche en polvo”.

Añade: “Una solución excesiva con el fin de ahorrar puede acabar produciendo malnutrición. Por otro lado, las tomas frecuentes mantienen la producción de leche materna y, en caso de que se utilice leche artificial pero esta deje de estar disponible, puede resultar imposible volver a la lactancia materna debido a la disminución de la producción materna”.

El apoyo a la madre es esencial, porque la lactancia materna requiere aprendizaje y muchas mujeres tienen dificultades al principio.

“Son frecuentes el dolor en el pezón y temor a que la leche no sea suficiente para mantener al niño, pero no deben preocuparse, con el paso de los días la madre se va adaptando”.

COMPLEMENTARIO

Para cubrir las necesidades crecientes de los niños a partir de los seis meses se deben introducir nuevos alimentos sin interrumpir la lactancia materna.

Los alimentos para los niños pequeños pueden ser preparados especialmente para ellos o basarse en la alimentación familiar con algunas modificaciones.

La OMS destaca que la lactancia materna no debe reducirse al consumir alimentos complementarios. Estos deben administrarse con cuchara o taza, y no con biberón.

Los alimentos deben ser inocuos, ejemplo de papillas de verdura.

“No hay que desesperarse, porque es necesario esperar bastante tiempo para que los niños pequeños aprendan a comer alimentos sólidos”.