Según estimaciones de la OMS, cada año podrían salvarse más de un millón de vidas infantiles en el mundo si todas las madres alimentaran sólo con leche materna a sus hijos durante los primeros cuatro meses de vida.

Y es que, según destaca la Sociedad Argentina de Pediatría, la lactancia materna presenta enormes ventajas nutritivas e inmunológicas para el bebé, porque la leche materna contiene proteínas, todos los aminoácidos esenciales, grasas, hidratos de carbono y vitaminas (A, C, D y otras) en las cantidades apropiadas para satisfacer los requerimientos del niño.

Pero también contiene minerales, componentes celulares y del sistema inmune, lo que le otorga capacidad antibacteriana. Y, además, cuenta con enzimas útiles para la digestión y hormonas que favorecen el crecimiento.

Reduce la morbilidad y la mortalidad infantil; contribuye a reducir los estados alérgicos y su gravedad en el lactante; previene la obesidad durante la lactancia y el desarrollo posterior; y previene la frecuencia de diabetes juvenil y linfoma. También ayuda a prevenir las diarreas al reducir la exposición a alimentos, líquidos y utensilios contaminados.

Conlleva, asimismo, beneficios para la madre y refuerza el vínculo afectivo entre ambos.

Y, como si fuera poco, está siempre disponible, a la temperatura perfecta para el bebé.