La lactancia materna es una práctica atravesada por la paradoja. Por un lado, se impone sobre ella un pensamiento acientífico de todos aquellos que la hayan experimentado directa o tangencialmente. Se expresan como verdades recomendaciones basadas en situaciones individuales, porque, obviamente, es un acto natural y extendido como pocos.

Pero, por otro lado, la escena de una madre dando el pecho a su hijo sigue siendo para muchos una imagen perturbadora. Entonces, es asumido como un hecho natural, pero no se manifiesta como cotidiano.

Muchas veces ambas situaciones se mezclan y para justificar lo perturbadora que resulta la imagen de una madre dando el pecho, se apela al discurso acientífico que se alimenta de argumentos como: “El niño necesita estar cómodo, en un ambiente íntimo, de lo contrario puede afectarle”.

Esas expresiones, dichas con las mejores intenciones o desde los más agrios prejuicios, conspiran contra el mensaje que desde hace años emiten organizaciones humanitarias y científicas, como la OMS o la Unicef, para promover la lactancia materna como alimento exclusivo durante los primeros 6 meses del bebé y como complemento hasta los 2 años o más.

Dificultades

El concepto de dar al niño la teta “a demanda”, es decir, de manera no programada, sino cuando el bebé lo pide, plantea dificultades en la vida moderna.

Las mujeres tienen hoy múltiples desafíos, personales, domésticos, profesionales y familiares que las hacen sentirse muy exigidas.

A muchas madres, por lo tanto, las supera el agotamiento, la falta de apoyo familiar o laboral, y hasta padecimientos mentales o físicos que convierten a los estándares establecidos por los profesionales de la salud en verdaderas metas olímpicas.

Pero si eso se soluciona en parte con una cultura inclusiva que no deje afuera ni obstaculice artificialmente una práctica sencilla, hay que reclamarla.

Las manifestaciones masivas de mujeres dando de mamar en ámbitos públicos en protesta contra la acción de personas que quisieron imponer límites basados en el pudor, constituyen una respuesta saludable.

De todas formas, si las barreras del pudor surgen de la propia madre, en un contexto en el que la lactancia no es vista como natural y todavía genera reacciones negativas, es también un reclamo legítimo el de crear, sobre todo en entornos laborales, condiciones favorables para el amamantamiento.

Los lactarios, que todavía constituyen una excepción en las empresas privadas y en los establecimientos públicos, son parte de las demandas apoyadas también por entidades especializadas en esta materia.

A quién escuchar

Este suplemento, al igual que otros medios que difunden información de salud, procura canalizar y amplificar el discurso científico y convertirse en una fuente válida de consulta sobre temas que hacen a una mejor calidad de vida. Pero el mejor consejo, ante tanta afirmación contradictoria, es siempre consultar a su médico.

El profesional de la salud orientará su indicación no en base a “modas”, sino de actualizaciones científicas, porque el conocimiento es dinámico y las recomendaciones de ayer pueden no ser las correctas hoy.

Ponga su confianza en buenas manos.