Un trabajo muy grande han hecho los grandes fabricantes de leches formuladas durante décadas para entrar en el mercado, pues hoy sus ventas registran un volumen anual de más o menos 45 mil millones de dólares (más de 135 billones de pesos colombianos) en todo el mundo, y se proyecta que aumentarán en más de un 55 %, con lo cual alcanzarían una cifra de cerca de 70 mil millones de dólares en 2019.

Estos datos numéricos, extraídos de un informe entregado por la Organización Mundial de la Salud, OMS, en la versión 69 de la Asamblea Mundial de la Salud, dan cuenta de lo próspera que es esta industria.

Pero, la presencia de leches formuladas junto a la falta de apoyo de muchos países hacia la lactancia materna ha ido haciendo perder poco a poco la confianza de la sociedad en la misma.

Creen no tener leche suficiente para sus crías
La situación ha llegado hasta el punto en que, muchas mujeres y familias enteras han llegado a alimentar a sus bebés con fórmulas, por estar convencidas de que su leche no es suficiente para nutrir a sus hijos o lo que es peor, que es de mala calidad.

Así lo señala Francesco Branca, director del Departamento de Nutrición para la Salud y Desarrollo de la OMS, en un comunicado.

“Todavía hay muchos lugares donde se inunda a las madres con información errónea o sesgada a través de la publicidad y la promoción de ventajas sin fundamento sobre la salud. Esto puede distorsionar las percepciones de los padres y madres, y socavar su confianza en la lactancia materna, con el resultado que muchos niños no reciban sus beneficios”.

Ante este hecho, la OMS, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, UNICEF, y la Red Internacional de Acción en Materia de Alimentación de Lactantes, IBFAN, hicieron una petición clara en la asamblea: decirle “no” a la “promoción de sucedáneos de la leche materna, incluida la publicidad, la entrega de regalos a los trabajadores de salud y la distribución de muestras gratuitas”.

Y claro, no es extraño que una mamá salga de donde el pediatra con unas muestra de leche formulada para darle “un teterito nada más” de esta sustancia su hijo, sin saber que, esa sola porción reemplazará una toma del bebé al pecho y eso, en poco tiempo, irá disminuyendo su producción de leche y por ende, irá aumentando cada biberón.

Tampoco es raro que una cadena farmacéutica le pague viajes a los profesionales de salud, o en su defecto, reuniones de formación.

En juego la salud de los bebés

Sobre el tema, El Universal consultó a Lorena Beltrán Villamil, directora del grupo de apoyo a lactancia materna, Amamantar Cartagena, para saber de las consecuencias de salud en los bebés, con las que se vincula el consumo de leches formuladas.

“Las leches de fórmula están relacionadas principalmente con la presencia infecciones a nivel intestinal y digestivo, pero también pueden llevar a desarrollar alergias por el contacto con la proteína de la leche de vaca que no es la hecha para el cuerpo de un bebé humano; además, el bebé que toma leche de fórmula tiene muchas más infecciones respiratorias que el alimentado con leche materna”, explica.

Una de las infecciones más conocida y cuyo origen está relacionado con el consumo de esta sustancia, es la enterocolitis necrotizante, que es la muerte del tejido intestinal, y que pese a ocurrir con mayor frecuencia en bebés prematuros o enfermos, se puede dar en cualquier bebé que consuma sólo leche de fórmula.

La obesidad infantil, es otro riesgo que puede darse con el consumo de este alimento.

“Con la leche artificial los niños pueden llegar a sobrealimentarse y tener problemas de peso, pues tiene muy alta cantidad de azúcar y muchas más proteínas que la leche materna, haciendo que su digestión sea mucho más difícil para los bebés”, indica Lorena Beltrán.

“Y como el sistema inmune del bebé al nacer es prematuro, el que no es alimentado con leche materna no recibe todas las defensas que la naturaleza dispuso ofrecerle al bebé; entonces, seguramente será un bebé que ingrese con más frecuencia al hospital o que se enferme más que el que recibe leche materna”, agrega.

La Directora de Amamantar Cartagena, señala que “la ingesta de leche de fórmula también está relacionada con diarreas, muchas veces por el agua con la que se prepara o porque los biberones se infectan; así como estreñimiento por tener esta leche muchas más proteínas y hierro que la leche humana”.

Y finaliza, “hay dos circunstancias en los que jamás se debería regalar leche de fórmula a una familia con lactantes: extrema pobreza y catástrofe; en el primer caso, porque seguramente el manejo de agua no será el debido, no contarán con agua potable, y además, en cuanto se retire la ayuda, el bebé no podrán seguir siendo alimentado porque no habrá producción de leche ni plata; en el segundo, porque además del manejo del agua, habrá problemas con los servicios médicos y muchas enfermedades en el entorno, de las que el niño puede ser protegido si es amamantado”.

Entre otras enfermedades que se encuentran en la  lista están: otitis, meningitis, neumonía, infecciones urinarias; a largo plazo se puede dar diabetes e hipertensión arterial, como algunas.

Todo esto sin hablar de lo psicológicamente aventajado que es un niño que recibe lactancia materna, por el vínculo que establece con su madre.

El hombre es el único mamífero que ha alimentado a sus crías con leche de otro, pues cada leche está especialmente diseñada para cada especie.

Y si de leches formuladas a base de soya de trata, también se le reconocen a este grano reacciones alérgicas, no obstante, varias etiquetas nutricionales advierten cuando sus productos son fabricados con equipos donde se trabaja con leche de vaya y soya.

Finalmente, la petición de la OMS se extiende a solicitar la protección de la lactancia materna poniendo fin a la comercialización inadecuada de los sucedáneos de ésta, incluyendo también a los biberones y las tetinas.

“Las etiquetas no pueden promover ventajas nutricionales o de salud ni incluir imágenes que idealicen la fórmula infantil. Deben incluir instrucciones claras sobre cómo usar el producto y llevar mensajes acerca de la superioridad de la lactancia materna con respecto a la fórmula, y los riesgos que supone no amamantar”.

Son contados y casi extremos los casos en los que las madres no pueden amamantar a sus bebés, entre los que se encuentran: que ellas tengan VIH o hepatitis B, estén medicadas con antirretrovirales, reciban quimioterapia y radioterapia (no en todos los casos).