Ya durante el embarazo, todo el cuerpo se está preparando para amamantar. Es uno de los motivos por los cuales los senos se ponen más grandes durante el embarazo: los conductos lácteos y las células productoras de leche, se desarrollan en este período y el pecho recibe más sangre que antes. Pero ojo, el tamaño de los pechos no tiene nada que ver con la capacidad de amamantar con éxito. Uno de los mitos falsos más comunes es el de pensar que si la mujer tiene pechos pequeños, producirá poca leche. La producción en nada depende del tamaño de los senos.

Antes, no te creas que hace mucho, se decía que para prepararse para amamantar había que frotar los pezones y la areola con una esponja dura o un cepillo, pellizcarse, lijarse etc, etc… lo único que lograremos en esos casos es sacar litros de…¡Lágrimas al divino botón!

La lactancia es un evento fisiológico para el que la mujer esta biológicamente preparada. El pecho segrega una sustancia que mantiene flexible, hidratada y aséptica la piel del pezón y la areola. El dolor al amamantar, llega generalmente cuando aparece el temor al dolor, la presión por los mitos y el entorno, la carencia de conocimiento en cuanto a una buena técnica de lactancia.

Por lo tanto, no hay nada que vender para una madre y su bebé con respecto a los cuidados de los pechos, sólo podemos dar algunos concejos.

Antes de que nazca tu bebé, leé y asesorate con una puericultora o especialista en lactancia. Mira imágenes sobre recién nacidos amamantando. Ojo, recién nacido porque después se va modificando.

Mira tus pechos, conocelos, revisá si tenés formado el pezón a partir del séptimo mes. De no ser así no te preocupes, solo se ajusta un poco la parte técnica así que pedí una entrevista con una profesional.

Si querés usar crema, usala sin que esta entre en contacto con la piel del pezón y la areola (válido también para cuando nazca y hasta para cuando sea mayor de edad)

Usa un corpiño para amamantar de algodón y no uses nada si estás en tu casa, es mejor.

Con respecto a la higiene, en la zona del pezón y la areola, lo mejor es usar solo agua, así no “barremos” la protección natural.

Si tenés la posibilidad tomá un poco de sol, con cierta frecuencia y por pocos minutos, aunque sea a través de un vidrio.

Secreto a voces: el llanto es una señal tardía de hambre. Cuando el bebé está despierto, te mira, mueve las manitos y busca su mano o el pecho…¡es el momento de amamantar!

Verificá desde el primer día una postura correcta, ya sea sentada o acostada. Primero busca una posición cómoda para vos antes de recibir al bebé.

Constata un buen acople con el bebé. La mayor cantidad de pezón y areola deben estar en su boca. La cara debe estar hundida en tu pecho (no te preocupes, respira aunque esté hundido ya que la nariz es flexible). El mentón debe estar metido en la mama ya que es el responsable de exprimirla con la mandíbula. El tórax y abdomen del bebé deben estar apoyados sobre tu cuerpo de esta manera el cuello y la cabeza del bebé, están en una sola línea paralela tu pecho (el famoso: panza con panza).

¿Parece una posición compleja de yoga, no? Es solo cuestión de práctica y de recibir ayuda en las primeras prendidas.

Podés usar un almohadón o una manta doblada para descargar el peso. Ambos tienen que estar cómodos.

Es conveniente que sostengas el pecho con cuatro dedos por debajo y el pulgar hacia arriba (como achicando un sándwich).

Una vez que están bien posicionados, rozar el pezón entre el labio inferior y la nariz.

Cuando el bebé abre la boca como diciendo “A”, es el momento para el acople. Es conveniente que lo lleves hacia el pecho y no el pecho hacia el bebé. Podes “dirigir” el pecho con la mano con la que lo sostenés. Es conveniente que el mentón del bebé toque primero el pecho, antes que la boca y que una vez que el pezón y areola estén en su boca, los labios estén evertidos (para afuera como un pescado).

Si te duele, hay que corregir la prendida. Para esto y para no lastimarte, hay que introducir el dedo meñique por la comisura de los labios y entre las encías, hasta romper el vacío y recién ahí retirarlo. A veces, por el dolor, retiramos al bebé tironeando del pecho o del cuerpo del bebé, provocando de esta manera grietas y lastimaduras.

Luego de dar de mamar, usá la mejor de las cremas a la que vos sola podes acceder… ¡Tu propia leche! Esta no sólo es la mejor alimentación para tu bebé, sino que también tiene las propiedades curativas y protectoras para la piel de tu pezón y areola. Dejala secar y recién después volvé a vestirte.

Es aconsejable no usar ropa ajustada ni corpiño con aro.

¡Ah, me olvidaba de decirte. Escrito todo parece más difícil! Con los días el placer le va a ir ganando a las dudas y si no es así pedí ayuda que para eso estamos las puericultoras.

* Coordinadora general de la Asociación Civil
Argentina de Puericultura
https://www.acadp.org.ar/