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La Organización Mundial de la Salud recomienda iniciar el amamantamiento durante la primera hora de vida, de esta forma se corre menos riesgos de padecer de mastitis.
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La lactancia materna es muy beneficiosa tanto para la madre como para el bebé.
Es sabido que puede ayudar a proteger a la criatura contra un sinnúmero de enfermedades, las alergias, estimular su inteligencia o reducir el riesgo del síndrome de muerte súbdita del bebé, y muchos otros.
La Organización Mundial de la Salud recomienda iniciar el amamantamiento durante la primera hora de vida.
En cuanto a la madre, amamantar puede prevenir enfermedades como el cáncer de seno y ovarios, reducir los niveles de estrés y por supuesto ayuda a establecer una conexión más fuerte entre la madre y el bebé.
Aún siendo 100% recomendada por los especialistas, existen algunas complicaciones que se pueden presentar durante la lactancia materna. Algunas no suponen ningún riesgo considerable para la madre y el bebé y no ameritan el cese de la lactancia, otras sí.
La mastitis. La mastitis es una de esas condiciones médicas que no necesariamente implica se deje de lactar al bebé.
Se trata de la inflamación de las glándula mamarias y suele estar clasificada como mastitis puerperal, cuando está asociada a la lactancia y no puerperal en el resto de los casos.
La mastitis puede tener o no una causa bacteriana, el agente principal en este caso es Staphylococcus aureus.
Algunos gérmenes pueden invadir el tejido mamario a través de grietas o fisuras en los pezones.
Otra causa puede ser la producción excesiva de la hormona prolactina que se encarga de estimular la producción de leche, o también alguna anomalía en el pecho, por lo que es bueno descartar cualquier tumor o cáncer de seno.
La mastitis puede ir acompañada de síntomas similares a los de la gripe con fiebre y malestar general y también endurecimiento y enrojecimiento de la zona del pecho; generalmente afecta solo a uno.
La página web especializada en pediatría babycenter.com explica que si notas zonas rojas, endurecidas o calientes en tu pecho es probable que tengas mastitis.
También explica que puede ocurrir en cualquier estadio de la lactancia pero que es más común durante el primer mes.
Tratamiento. Una forma de contrarrestar la mastitis es aplicar toallas húmedas y calientes sobre los pechos y tomar pastillas de antipiréticos para aliviar el dolor, aunque de todos modos es recomendable consultar con un especialista, ya que si no se trata de la forma apropiada puede presentar nuevas complicaciones como por ejemplo un absceso en el pecho.
Aunque la mastitis no supone ningún riesgo para el bebé, es probable que el pecho no produzca la misma cantidad de leche y que ésta adquiera un sabor un tanto más salado, por lo que la criatura lo rechace. Sin embargo, los expertos recomiendan que se siga amamantando o que se utilice un extractor de leche, También recomiendan reposo para la madre.
Cómo prevenir la mastitis. Una de las medidas principales para prevenir la mastitis es empezar a lactar lo antes posible una vez haya nacido el bebé, y vaciar tus senos en cada oportunidad. Otras recomendaciones son llevar una dieta equilibrada, descansar lo suficiente y no utilizar sostenes con varillas o muy ajustados.
¿Cuándo no se debe amamantar? Algunas mujeres quizás se pregunten si deben suspender la lactancia ante afecciones como la gripe o la diarrea. En general enfermedades de este tipo no representan ningún riesgo para el bebé y en cambio le proporcionan anticuerpos que ayudarán a combatir estas enfermedades. Sin embargo, existen otros escenarios (como por ejemplo una madre portadora de VIH o con una tuberculosis no tratada) en los que la lactancia no es aconsejable. Si tiene dudas respecto a estos temas consulte a un especialista.