Hay muchas razones por las que los médicos alientan a las madres noveles a amamantar a sus bebés. En comparación con aquellos recién nacidos que reciben fórmula, los niños que son amamantados tienen menos posibilidades de fallecer como resultado de infecciones, síndrome de muerte súbita infantil o cualquier otra razón. Cuanto más tiempo una madre los amamanta -y cuanto más lo hace como alimentación exclusiva- más beneficios obtiene el infante, según muestran los estudios.

Otro beneficio percibido de la lactancia materna es la posibilidad de potenciar el cerebro del bebé. Un estudio clínico en el cual participaron más de 16,000 niños en Bielorrusia, que fueron asignados aleatoriamente para recibir apoyo especial de lactancia (con base en un programa de la Organización Mundial de la Salud y UNICEF) o la atención habitual hospitalaria, descubrió que los bebés del primer grupo obtuvieron un promedio de 7,5 puntos más en un examen verbal de coeficiente intelectual (IQ, por sus siglas en inglés) y 5.9 puntos más de IQ en general. Los maestros, aparentemente, podían distinguir la diferencia: los niños cuyas madres habían recibido ayuda adicional con la lactancia obtuvieron mayores calificaciones en la escuela, tanto para lectura como para escritura.

Ese resultado es un caso atípico. En un análisis de 17 estudios sobre la lactancia materna y el coeficiente intelectual, los cuatro considerados como de mayor calidad -cada uno con al menos 500 participantes y con el coeficiente de la madre en cuenta, entre otras cosas- también descubrieron una relación entre la lactancia y el coeficiente intelectual, aunque el beneficio fue de sólo 1.76 puntos en promedio.

Los datos más recientes provienen de un estudio de unos 7,500 niños irlandeses que fueron examinados desde su nacimiento como parte del estudio Growing Up in Ireland (Crecer en Irlanda). Los resultados se publicaron este lunes en la revista Pediatrics.

A diferencia de los niños en Bielorrusia, estos pequeños no fueron asignados aleatoriamente a grupos de apoyo de lactancia. Sin embargo, los investigadores hicieron todo lo posible para evitar este problema mediante la simulación de asignaciones al azar. Así, identificaron parejas de niños que parecían tener la misma probabilidad de ser amamantados -basados en factores como la etnia, el nivel educativo de la madre y si habían pasado por cuidados intensivos neonatales- excepto que uno de ellos sí lo había sido y el otro no.

Usando esta técnica de concordancia, los investigadores encontraron muy poca diferencia en el desarrollo cognitivo entre los dos grupos de niños. Las únicas diferencias estadísticamente significativas fueron las de los pequeños de tres años de edad, y sólo entre aquellos que habían sido amamantados exclusivamente por al menos seis meses y quienes no habían sido amamantados en absoluto (los niños que eran mayores y/o que habían sido amamantados por pequeños períodos no mostraron diferencias con sus pares que no lo habían sido).

En el análisis preliminar, los pequeños amamantados tuvieron un mejor desempeño en la resolución de problemas y en cuanto a la hiperactividad. Sin embargo, después de que los investigadores tomaran en cuenta otros factores, los aparentes beneficios para la resolución de problemas ya no fueron estadísticamente significativos.

Los autores del estudio, de University College Dublin, en Irlanda, se sorprendieron por sus hallazgos y señalaron que la leche materna contiene dos nutrientes clave: el ácido docosahexaenoico, o DHA, y el ácido araquidónico, o AA, que estimulan el cerebro en crecimiento del bebé.

En un comentario que acompaña el estudio, la Dra. Lidia Furman, de Rainbow Babies and Children’s Hospital, sugirió que ésta no será la última palabra sobre la lactancia y el crecimiento cerebral. Por un lado, la preponderancia de los estudios demuestra que “hay un impacto pequeño, pero duradero, de la lactancia en la inteligencia”. Además, cuanto más los investigadores son capaces de explicar factores como el coeficiente de una madre y la duración exacta de la lactancia, más débil se vuelve la relación entre ésta y la inteligencia.

Por lo tanto, ¿qué debe hacer una nueva mamá? Afortunadamente, la pregunta tiene una respuesta sencilla. “Dar de mamar tiene una serie de beneficios clave para la madre, el niño y la sociedad, incluso si los resultados del comportamiento infantil no se ven afectados por ello”, escribió Furman.

Los investigadores, encabezados por la experta en desarrollo infantil Lisa-Christine Girard, coincidieron. “Los beneficios médicos de la lactancia para la madre y el niño son numerosos y están bien documentados”, señalaron Girard y sus colegas. “Estos hallazgos no contradicen dichos beneficios”, agregaron.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que las madres amamanten a sus bebés como alimentación exclusiva por los primeros seis meses, y luego continúen otros seis meses o más, después de introducir alimentos sólidos en la dieta del infante.

Traducción: Valeria Agis

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