Uno de los momentos más estresantes como mamá es la transición de lactancia a los alimentos sólidos, porque nos preocupa que nuestro hijo pueda comerlos adecuadamente y que su estómago no resienta el cambio.

 

Introducir gradualmente nuevos alimentos es lo mejor, pero también es importante proteger su estómago mientras se acostumbra a los distintos sabores, sean dulces, ácidos o salados.

 

 

Sin lugar a duda, los probióticos son los mejores amigos del estómago. Estos organismos vivos generalmente se encuentran en lácteos, pero también puedes conseguirlos en polvo y agregarlos a otros alimentos. Ellos contribuyen a mantener el equilibrio de la flora intestinal.

 

De hecho, diversos estudios comprueban que es buena idea que, tanto la mamá como el bebé, ingieran dosis de probióticos, de preferencia Lactobacilos rhamnosus GG; así el alimento que des a tu bebé cuidará su estómago.

 

 

 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo ideal es la lactancia de los 0 a 6 meses, posteriormente se deben agregar alimentos sólidos (papillas).

 

Además, se recomienda que con la introducción de alimentos complementarios seguros y nutricionalmente adecuados, se continúe con la lactancia materna, de forma alterna, hasta un máximo de dos años.

 

La dosis ideal de probióticos para prevenir enfermedades estomacales y respiratorias debe ser supervisada por el pediatra, para garantizar el suministro adecuado de los mismos.