La leche materna es el mejor alimento que puede recibir un bebé durante el primer año de vida, ya que contiene los nutrientes necesarios para satisfacer los requerimientos que asegurarán un adecuado desarrollo físico y mental.

Los expertos sugieren que debe ofrecerse lactancia materna exclusiva los primeros seis meses y luego, lactancia complementaria hasta que el pequeño cumpla un año; sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja mantenerla hasta los dos años de edad, sobre todo en países en vías de desarrollo.

Para que haya una correcta producción y liberación de la leche, “el principal estímulo es el apego al recién nacido; si éste no se pega a mamá o estimula el pezón a través de la succión, aunque la madre tenga mucha leche, dejará de producirla. Por eso a algunas mamás que se quedan en terapia intensiva por cuestiones de salud, se les pide que estimulen el seno con el tiraleche, para que hagan la función de succión y, de esta manera, se produzca la leche”, indica el doctor Christian Hernández, ginecobstetra del Hospital DioMed.

En este proceso también participan la oxitocina y la prolactina, dos hormonas producidas por la glándula hipófisis, la cual se encarga de regular diferentes funciones del organismo.

Plagada de mitos

Existen muchas creencias en torno a la lactancia, en especial acerca de la producción de la leche, pero no todas son verdad. Por ejemplo, que las mujeres de pechos pequeños no pueden lactar, cuando en realidad el tamaño de éstos no influye.

Asimismo, se dice que no todas las mamás fabrican leche de buena calidad y en cantidad suficiente para amamantar; no obstante, todas son capaces de generar la necesaria y de gran calidad, porque la lactancia es un proceso regido por la ley de la oferta y la demanda. Incluso se piensa que la madre debe evitar algunos alimentos durante la lactancia, aunque lo cierto es que no hay registros de comida que aumente o disminuya la producción.

La creencia más difundida

Otra falsa idea alrededor del tema es que, ante un susto, estrés o ansiedad, la producción de leche en una mujer que lacta puede cesar por completo.

“Al vivir una situación de estrés físico o mental, como un reflejo de supervivencia, el organismo libera hormonas como adrenalina, noradrenalina y cortisol, por lo cual se produce un bloqueo para la producción de leche, pero éste es temporal; de hecho, se puede volver a producir en cuanto se pega el bebé al pecho de la madre para que succione. Así que eso de que la leche se corta o se suspende por completo, no es verdad”, asegura el especialista en ginecobstetricia del Hospital DioMed.

Esto también puede suceder en pacientes que se encuentran muy deshidratadas, en cuyos casos cabe la posibilidad de que disminuya su producción. 

Ante el estrés

*Busca un espacio o habitación tranquila, alejada del ruido y de situaciones tensas. De ser posible, pon música suave y relajante, acompaña con luz tenue y procura estar a solas con tu bebé.

*Ten paciencia y tranquilízate si la leche no sale de inmediato. Poco a poco se restaurará su producción 
y flujo si permites que el bebé continúe con la succión del pecho. 

*Practica alguna actividad física, pero también mental, como leer un buen libro o escuchar música para alimentar tu alma y mejorar tu estado anímico.

jpe